La naturaleza convertida en paisaje

La obra para piano de José Manuel López López sustanciaba el programa inaugural de la serie 20/21, protagonizado por Alberto Rosado y celebrado en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

La temporada 2019-2020 del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) propone, entre muchas y muy distintas opciones musicales, repasar la obra de José Manuel López López (Madrid, 1956). La condición de compositor residente implica su presencia en trece conciertos a celebrar en varias localidades, además del desarrollo de un curso de composición en el conservatorio de Alicante previsto para el mes de mayo. Obras de referencia en el catálogo de López López coinciden con algunos estrenos como los previstos en colaboración con el videocreador Pascal Auger (La trace), el Ensemble Télémaque, la primera audición del segundo cuarteto a cargo del Arditti o la partitura orquestal Tisseur de sable que interpretará la Orquesta Nacional de España dirigida por Nacho de Paz.

Es muy lógico que López López tenga un protagonismo especial este año. Tal y como señala Antonio Gómez Schneekloth, en el avance de temporada, se trata de un compositor al que impulsa una “necesidad interior”: son casi cuatro décadas dedicadas a la creación de manera tenaz que se resuelven en una relación de obras amplia e inquieta, manifestación de un vasto conocimiento técnico y de una sensibilidad artística muy particular. Tiempo atrás, José Luis Téllez, analizando su música para piano, dijo estar ante «el más francés de los españoles o el más español de los franceses», lo que apuntaba a la calidad tímbrica como una de las singularidades más destacables de su obra.

Hay muchas más razones en un catálogo que asume una plural superposición de intereses desde motivaciones extramusicales, poéticas y estéticas, a muy distintas cuestiones de carácter sintáctico particularmente en relación con el tiempo y la constitución del sonido. A partir de ahí, la obra de López López avanza, explora nuevos territorios impulsada por el deseo de aportar a las estructuras acústicas una condición espiritual que supere su materialidad. Buscar una emoción final es una preocupación explícitamente manifestada por el compositor.

La posibilidad de compartir este propósito ha colocado al primer concierto dedicado a López López en una posición de privilegio. Su obra para piano sustanciaba el programa inaugural de la serie 20/21, protagonizado por Alberto Rosado y celebrado en el Auditorio 400 del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Propuesta minuciosamente trabada en la que la música de López López se incardinó entre algunos números relevantes de las Vingt regards sur l’enfant-Jésus, el grandioso ciclo pianístico firmado en plena guerra mundial por Olivier Messien. Hubo apenas dos pausas en todo el concierto en un continuo interpretado sin solución de continuidad lo que reveló el valor intrínseco de la obra de López López, capaz de relacionarse sin menoscabo con uno de los mosaicos pianísticos más fascinantes del siglo XX. Y aún, el entusiasmo general, al acabar el concierto, demostró hasta qué punto la obra de un contemporáneo, bien explicada y mejor presentada, puede ser estupendamente entendida.

 

Proceso de ósmosis

Tiene un mérito muy particular el pianista Alberto Rosado quien entró en el escenario pisando fuerte ante Regard de l’etoile. Su Messiaen es poderoso, muy armado, poético en tanto dibuja con profundidad y perspectiva un paisaje tan complejo y metafórico, lo presenta con resolución y energía. De inmediato sonó Lo fijo y lo volátil, obra de López López en la que el piano se entrecruza con la electrónica en una superposición limítrofe y particularmente feliz. Podría decirse que un proceso de ósmosis entre los autores estaba en juego, de manera que Regard des Prophétes vino a dar el pie al homenaje pianístico a algunos maestros, como la cascada de notas de Bien à toi, dedicada a Luis de Pablo, la centelleante Finestra in la Chigiana pensando en Franco Donatoni, y la muy volátil In memorian Joaquín Homs expandiéndose con sutilidad a partir de una interpretación preciosista, vaporosa en lo sonoro y concreta en el ataque.

En realidad, y pese a las intenciones de fondo que pudieran atribuirse a algunas de las obras, tomó un valor muy especial la sensación de estar penetrando en un espacio de abstracción en el que importaba la experiencia sonora por sí misma. Rosado maneja este repertorio desde la experiencia. Él mismo ha grabado muchas obras de López López, compositor que, en alguna medida, al igual que le sucede a Messiaen, tiene en el piano un punto de referencia. Siempre destaca el interés del compositor madrileño por indagar en la “biología” del sonido, algo muy evidente en Un instante anterior al tiempo, para piano y ayudante manipulador, en la que las sonoridades sordas, las resonancias y otras acciones sobre el instrumento llevan a construir una virtualidad instrumental. Habría que recuperar la definición de la música de López en relación con Francia para considerar la importancia que tiene ese poso de “suciedad”, de rugosidad más mediterránea que aparece en muchas de sus obras proporcionando una condición particularmente rica y consistente.

También se ha hablado de la solidez estructural, de la ausencia de apoyos narrativos, de lo que se propone como pura escucha. En este contexto, Un instante anterior al tiempo, en la interpretación de Rosado tiene algo de culminante, además de grandioso, como bien demostró el hecho de que inmediatamente se fusionara sin quiebra con la virtuosística Regard de l’espirit de joie. La facilidad técnica de Rosado ya se había convertido para entonces en una anécdota porque lo que de verdad importaba era la interpretación resuelta y rotunda, sin lugar para la duda o la ambigüedad. En total se ofreció poco más de una hora de música fácilmente descifrable como forma de sugestión poética. Y a partir de aquí vendrán otros conciertos dedicados a López López. Entre ellos habrá momentos importantes porque la propia música invita a que así sea, si bien este que acaba de celebrarse lo ha hecho marcando un máximo difícil de superar.

fuente: Alberto González Lapuente. ABC Cultura