El abismo de la eternidad

José Luis Estelles, clarinetista

IBS Classical reúne a cuatro grandes solistas españoles para un registro histórico de una de las obras definidoras de todo el siglo XX, el Cuarteto para el fin del tiempo de Messiaen

José Luis Estellés, Bétera, Valencia, 1964, tiene una relación muy estrecha con una de las obras magnas del camerismo del siglo XX, el Cuarteto para el fin del tiempo de Olivier Messiaen. “Es la obra que más veces he tocado en mi vida. Cuando dejé de contarlas iban más de ochenta. De hecho, esta obra fue el motivo de la fundación del grupo Manon en 1988. La hicimos por muchos festivales entonces. Y tuvimos oportunidad de grabarla en 1994, pero pasó completamente desapercibida, porque la publicó un sello muy pequeño, Anacrusi. No tuvo ni crítica. Entre las mucha veces que tocamos la obra, lo hicimos en el concierto homenaje que el Círculo de Bellas Artes de Madrid dio a Messiaen poco después de su muerte”. En el cuarto de siglo transcurrido desde aquel registro, “la obra de Messiaen, junto a alguno de los quintetos con cuerda, ha sido un poco el espejo que ha ido mostrando mi evolución como músico, especialmente en ese terreno tan bonito y exigente de la música de cámara”.

Para esta nueva grabación, “la primera española de la era moderna”, se han juntado cuatro solistas que llevan tiempo colaborando de distintas formas entre ellos. Al lado de Estellés el violinista Aitzol Iturriagagoitia, el violonchelista David Apellániz y el pianista Alberto Rosado. “He tocado mucho con todos ellos y tuve la idea de reunirlos, porque sabía que iba a funcionar muy bien. Todos habíamos hecho la obra, pero nunca juntos. La primera vez fue hace tres o cuatro años en el ciclo de órgano de la Catedral de León, ante dos mil personas. Fue genial, y salimos de allí pensando que teníamos que llevar la experiencia al disco”.

El CD se abre en cualquier caso con una obra que el japonés Toru Takemitsu, 1930-1996, escribió en homenaje a Messiaen, Quatrain II. En 1975 Takemitsu había estrenado Quatrain, para la misma plantilla de la obra de Messiaen y orquesta, y dos años después hizo una nueva versión de la obra, pero ahora sin la orquesta. “También la he tocado mucho. Takemitsu no fue alumno directo de Messiaen, pero lo consideró siempre su mentor espiritual. Y sabemos que Messiaen adoraba la música oriental. En su música hay ese estatismo tan orientalizante. Se trata de una música que yuxtapone, no desarrolla a la manera alemana. Así que pensamos que esta obra era la pareja ideal para el Cuarteto de Messiaen. Además decidimos poner la obra de Takemitsu al principio del disco para darle relevancia. Es una joya de color, una obra muy delicada, muy exigente. Es de una gran espiritualidad, que al fin y al cabo es lo que trata de representar el disco, de ahí su título: Fin du temps, la referencia al título de la obra de Messiaen y a la vez a ese Hacia la eternidad con que ha titulado sus notas para el álbum Yvan Nommick”.

Nommick, musicólogo francés muy vinculado a Granada, fue durante una década director del Archivo Manuel de Falla, aclara en sus notas algunos de los malentendidos habituales con esta obra, que a veces hasta se traduce mal como Cuarteto para el fin de los tiempos. Inspirada en un fragmento del Libro del Apocalipsis, la obra “no evoca el fin de los tiempos –considerado como desaparición de la civilización humana–, sino el fin del Tiempo, es decir, el advenimiento de la Eternidad”, dice en su texto introductorio. “Con Yvan tuve una relación estrecha y prolífica, porque con TAiMA Granada y con su participación hicimos esta obra en formato de concierto didáctico muchas veces”.

Pero, ¿es posible decir aún algo nuevo de una de las obras de referencia de los últimos cien años? “Creo que sí. Hay una serie de cuestiones puramente camerísticas que puedes trabajar para encontrar un determinado sonido, unos balances determinados. Hay muchos pasajes homofónicos, unísonos, en los que puedes potenciar un tipo de sonido en tu instrumento o en las relaciones entre instrumentos para profundizar en las indicaciones de Messiaen. Al final se trata de sacar el máximo sentido a lo que escribe el compositor. Él dejó además unas pocas palabras, muy poéticas, sobre su obra que te anima a hacer un desarrollo subjetivo. Se trataría así de combinar lo objetivo de la partitura con eso. Y en ese sentido sí que hay mucho campo para la exploración, tanto en el terreno personal, en los solos, como en los pasajes en que los cuatro hablan como un solo instrumento. Desde mi propia experiencia, me sigo desarrollando a través de esta obra.

Cuando la toqué por primera vez en 1989 en Barcelona era como cruzar el desierto. Tenía una percepción muy diferente a la actual. A través de los años y las veces que la tocas la vas viviendo. Y está claro que cada interpretación es única. Una obra hecha por el mismo intérprete en otro momento se convierte en otra obra diferente. Desde luego, no puedes caer en una interpretación rutinaria, porque siempre hay detrás un reto en cuanto a la conexión con el sonido o con el concepto en el que se apoya la música. Pese a su complejidad, la obra se transmite de una forma muy sencilla. He tenido la experiencia de tocarla en pequeños pueblos y la gente ha estado conectada con ella exactamente igual que en salas grandes con públicos más experimentados”.

El Cuarteto para el fin del tiempo incluye uno de los números para clarinete solista más célebres del repertorio, el tercer movimiento de la obra, que lleva el título de Abismo de los pájaros. “Se ha ido desarrollando dentro de mí. A medida que progresas vas conociendo mejor la técnica con la que afrontar este tipo de pasajes. Así, va desapareciendo poco a poco la preocupación por lo físico, por la respiración, hasta el punto de que puedes llegar a olvidarte de ello para dejar fluir la poesía. Detrás de estas notas tan largas, que parecen interminables, o de estos gestos que pueden parecer pájaros en la parte central de la pieza hay significados latentes. Con el tiempo te vas olvidando de ti mismo y conectas con esos significados para transmitir toda su poesía con más fuerza”.

Pese al poder comunicativo de la obra, el Cuarteto de Messiaen resulta de notable complejidad y “la épica que está detrás de la composición y el estreno de la obra forma ya parte de ella, sin duda”. Como se sabe, Messiaen fue movilizado como sanitario al principio de la Segunda Guerra Mundial y capturado por las tropas alemanas cerca de Nancy en mayo de 1940. Trasladado primero a un campo al aire libre en Toul y definitivamente al Stalag VIII A, campo de prisioneros en Görlitz, Silesia; hoy, parte de Polonia, donde sería liberado en marzo del año siguiente, Messiaen coincidió con otros músicos, el clarinetista Henri Akoka, el violinista Jean Le Boulaire y el violonchelista Étienne Pasquier; y en condiciones bastante extremas fue “capaz de crear un micromundo en aquel lugar. La pieza de clarinete la compuso en Toul, poco después de su captura. Cuando llega a Görlitz lo primero que escribe es el Intermedio, una pieza en la que no participa el piano. Es decir, empieza escribiendo para los otros. Como contaría más adelante la pianista Ivonne Loriod, que acabaría convertida en su segunda esposa, procuró que le asignaran guardias para salirse de los barracones y poder pensar a solas en la obra. Los famosos solos para violín y violonchelo los hizo reescribiendo de memoria obras anteriores. De alguna manera, dentro de ese campo conectó consigo mismo, con la realidad de fuera del campo para crear el mundo especial de este cuarteto. Fueron emocionantes las condiciones del estreno en el mismo campo, en enero de 1941, el estado de los instrumentos, la atención con la que los prisioneros atendieron a la obra, el frío que pasaron… Es casi un guion cinematográfico…”.

Clarinete solista de la Orquesta Ciudad de Granada, José Luis Estellés valora positivamente el reciente nombramiento de Roberto Ugarte como nuevo gerente del conjunto. “Es un hombre con experiencia que ha estado en varias orquestas. Supongo que tendrá herramientas para manejarse en la actual situación. Nos han dicho que la deuda fue saldada. Hay que adaptar los presupuestos: se habían bajado más de un millón de euros respecto a la mejor época. Hay que adaptar los presupuestos para que la situación de angustia financiera no se vuelva a repetir. Espero que todo lo demás entre en una espiral positiva. En Granada tenemos la cosa magnífica de que el público no ha abandonado a la orquesta en ningún momento”.

La pandemia ha retrasado la difusión de la programación de la nueva temporada del conjunto granadino. “Tenemos ya un calendario, pero supongo que se quiere ser prudente por la venta de abonos. Dependerá de las condiciones para que este programa inicial pueda ratificarse. Una orquesta es muy compleja, porque tienes que tener en cuenta también las agendas de los directores y solistas invitados. Y lo cierto es que hay mucha incertidumbre. De todos modos, yo he tenido un verano en el que no he dejado de trabajar. Los festivales se han hecho con protocolos estrictos. Aplicando buenas prácticas se ha demostrado que la cultura es mucho menos peligrosa que otro tipo de actividades. Así que con prudencia supongo que se podrá empezar. Yo tengo un compromiso en Finlandia en diciembre y me piden llegar quince días antes, y, claro, no puedo, no es posible algo así. A ver si la situación cambia y lo resolvemos”. Ese compromiso nórdico es como director, otra faceta del músico valenciano que “ha estado parada, por diversas razones, los dos últimos años. Pero ahora tengo muchas cosas, alguna surgidas muy recientemente por las cancelaciones de algunos colegas. Cuando lo combinas con una carrera de instrumentista en la que tienes que tocar muchas obras nuevas también, llevar una carrera como director es complicado. Pero bien, sigo adelante. Aquí tengo encima de mi mesa siete u ocho obras para estudiar”.

fuente. Diario de Sevilla